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viernes, 5 de febrero de 2016

El Éxito Familiar: La Responsabilidad

NUEVO DOMINIO TERAPIA DE FAMILIA
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EL ÉXITO FAMILIAR:
LA RESPONSABILIDAD

pero los que confían en Él renovarán sus fuerzas;
volarán como las águilas:  correrán y no se fatigarán,
    caminarán y no se cansarán.
                                                           Isaías

Algo que siempre ha llamado mi atención es la forma en como las águilas construyen su nido, normalmente en lo más alto de los grandes árboles o en rocas de difícil acceso, en lo alto de la montaña. Generalmente son muy grandes, las dimensiones de un nido podrían llegar a ser de 4 metros de diámetro por 5 o 6 de profundidad. Durante la estadía de los aguiluchos en el nido, su progenitor los cuida y protege, les provee de todo el alimento que necesitan y llegado el tiempo los lanzan al vacío para que emprendan su vuelo, de esta manera empiezan una vida de independencia, pero con la particularidad de que siempre volaran por lo alto. El nido del águila es permanente, el cual cuida, mantiene y renueva.

Es indiscutible que el águila manifiesta una gran responsabilidad con los suyos, fruto de su alto grado de compromiso y en definitiva sabe hacia dónde conducir a su familia. Al contrario de esto, si hay algo que identifica a los hogares de hoy, es la poca responsabilidad que tienen las personas en su función de esposos y también de padres, las estadísticas que respaldan esta realidad familiar se afianzan cada vez más, porque cada vez son más, los matrimonios que se acaban porque simplemente ya no saben qué hacer para solucionar sus problemas.  

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La responsabilidad hace referencia a la capacidad de asumir nuestro papel en la vida, el rol familiar que nos corresponde o la consecuencia de nuestras decisiones y acciones con valentía y tenacidad, y que debe ser permanente a lo largo de la vida familiar. Para lograr serlo les ánimo a que tengan en cuenta y apliquen en su vida estas recomendaciones.
  1. Identifique bien su rol dentro de la sociedad conyugal, como toda empresa debe estar amparada por normas y cada miembro debe tener funciones que cumplir. Los deberes y derechos conyugales están descritos en el Manual de Vida, aunque a algunos les parezcan obsoletos, funcionan en la medida en que se entiendan de la manera correcta. Por ejemplo; al varón se le entregado el rol de ser autoridad en el hogar, pero esta función está fundamentada en el amor (El jefe dice: ¡yo mando aquí!; El padre dice: ¡Yo amo aquí!), la única motivación que debe tener un esposo y un padre para ejercer la autoridad en el hogar es el amor hacia los suyos, ese amor nunca le dejará pisotearlos o abusar de ellos.  
  2. Una vez identificado el rol, se debe ejercer con firmeza, siguiendo el ejemplo del águila, su responsabilidad es proteger el nido, el nido no solo se protege con fuerza sino, más bien, con sabiduría, por ello debe colocar reglas que le permitan ejercer control sobre sus hijos. La esposa es su mayor y mejor aliada y está encargada de respaldarlo. Las normas no deben sobrepasar la capacidad de aguante de sus hijos, deben ser alcanzables. De lo contrario se verá como un padre exigente y sus hijos le respetaran por miedo más no por admiración.
  3. Los padres deben proveer para sus hijos, todo lo necesario a fin de que no tengan que salir a buscar nada a la calle. En el nido el águila trae alimento a sus aguiluchos y vela porque coman, no les da el alimento en la boca y está atento a que coman por igual. Juega con ellos en el nido para que desarrollen fuerza y vigor en sus alas y llegada la edad propicia los lanzan al vació.  La responsabilidad con la que asumieron su papel les da la seguridad para esperar a que sus hijos extiendan sus alas y vuelen hacia lo alto, justo antes de llegar al suelo.
  4. Y finalmente los padres deben dirigir con sabiduría, la dirección exige tener claro el destino: ¿hacía dónde quiere conducir a sus hijos? Se trata de forma y y fondo, la responsabilidad de un padre es formar a un hijo para que se enfrente a los desafíos que la vida le demandará, más que un seguro monetario, lo que nuestros hijos necesitan es un fundamento firme construido en principios y valores, eso les mantendrá seguros donde quiera que estén. El diseño déjeselo en sus manos.    
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Un día sus hijos tendrán que ser hacer nido, la responsabilidad con la que usted asumió su rol de padre le mostrará, que tan alto los construyen y que tan fuertes, si imitaran el legado que usted dejo en ellos o lo rechazaran. Vuele alto y los que le siguen también lo harán.


Por
Edgardo Buelvas Arrieta
Terapista de Familia

miércoles, 21 de octubre de 2015

Adolescencia - Como formar el carácter de un adolescente

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COMO FORMAR EL CARÁCTER DE UN ADOLESCENTE


“La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre”
(Proverbios 29:15)


La disciplina en los hijos ha sido y seguirá siendo un tema controvertido, debido a las diferentes posiciones que se tiene sobre cómo aplicar la disciplina.  En mi caso particular, me aferro a lo que el Manual de Vida enseña: “Disciplina a tu hijo, y te traerá tranquilidad; te dará muchas satisfacciones” Proverbios 29:17, pero ¿a qué edad empieza la disciplina? Desde que el niño empieza a resistirse a la instrucción del padre se debe estar preparado para empezar la disciplina.  Para disciplinar se requiere que los padres gocen de una buena salud mental, si no es así, debe buscar ayuda profesional para superar este inconveniente.

La disciplina física

Este es el punto de más controversia. Ya que por la inmadurez de los padres, su mala salud mental y su errada formación imparten una disciplina muy rígida y agresiva o por el contrario permisiva, causando no solo severos daños a la integridad física del hijo sino también a  su estima y valía personal, convirtiéndose así en el primer generador de violencia en el hogar. Los padres que fácilmente son secuestrados emocionalmente, y pierden el control de la situación esperan a que sus hijos le agoten la paciencia para entonces actuar con severidad utilizando la fuerza bruta y de esta manera en vez de trasmitirles respeto y obediencia a sus hijos lo que trasmiten es miedo, odio y rencor.  Así el niño crece con la idea de que sus padres lo odian y se desarrollan con un callado resentimiento hacia la familia y la sociedad misma, que culmina en una conducta antisocial.  La disciplina debe impartirse sobre la base del amor y la tranquilidad. En la disciplina física no debe usarse la mano ni el cinturón (la misma mano que te acaricia no puede ser la que castiga), una vara de poco peso será suficiente y debe darse en la nalga del niño con poca fuerza. El impacto produce un ardor soportable por el niño, entenderá que sus acciones traen consecuencias y su cerebro activará un sistema de protección que le advertirá de no hacerlo en futuras situaciones. Solo se debe aplicar hasta los 3 o 4 años de edad máximo. Insisto, no aplique la disciplina física si usted está preso de la impaciencia o la ira, no espere a que esto ocurra o lo lamentará. Existen otros métodos que no involucran el castigo físico, como la silla de pensar, privación de privilegios, penitencias, la distracción. La mayoría de ellas con efecto positivo luego de los 3 o 4 años de edad, que es cuando el niño puede establecer asociaciones complejas relacionadas con la disciplina.

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Antes de esta edad las asociaciones son más intuitivas y sensoriales, por ejemplo los bebes que gatean empiezan a movilizarse por todos los lados de la casa, cuando se acercan a las escaleras los padres corren a protegerlo, en un leve descuido puede volcarse y lastimarse, de ahí en adelante establecerá la asociación de que el intentar bajar las escaleras producirá daño y dolor y evitará hacerlo. ¿Debemos esperar que esto suceda? ¿O cómo hacerle frente a la acción de los niños de levantar la mano contra sus padres cuando intenta tomar algo y ellos se lo esconden?   En el primer caso podemos distraerlo o colocar una reja que impida el paso, pero nunca sabrá que es peligroso acercarse ahí.  Igual con el fuego o la toma de corriente, las cosas de vidrio o de valor.  En el segundo, podemos dejarnos golpear, darle lo que quiere o distraerlo con otra cosa menos peligrosa.  Es ahí cuando un leve golpe controlado, en el primer caso, ayudará a que la asociación sé de sin la experiencia del dolor agudo que lastima, ocasionado por el golpe, o la quemadura u otros accidentes. Y en el segundo, evitará trasladar la disciplina más rígida a la edad de los berrinches y las pataletas, y que dejan ver mal al padre delante de extraños y conocidos.  Por otro lado se establece una asociación mucho más importante y es la del vínculo de respeto basado en la protección del padre al hijo. Una vez pueden establecer asociaciones más complejas descubrirá que parte del amor del padre es protegerlo y así cada vez que le dé una instrucción la traducirá como un “te quiero proteger porque te amo”, obedecerá con recelo producto de su enojo, pero una conversación en su cuarto explicándole el porqué de las decisiones terminará en un abrazo de comprensión que afirmará los demás valores: amor, respeto, admiración de un padre a un hijo. Me arriesgo con esto a recibir críticas por parte de mis lectores, pero quiero decirles que he revisado literatura y artículos que hablan sobre los efectos negativos del castigo físico pero todos están referidos a aquellos que se imparten con agresividad y severidad de lo cual ya hice referencia y advertencia de NO APLICARLA! Es por eso que algunos países han adoptado leyes que prohíben rotundamente la aplicación del castigo físico como método de formación a manera de prevención.

En Esta fotografía  la vara de la corrección.



En la adolescencia, la disciplina es diferente. Tengo que contarles un poco acerca de mi experiencia con mi hijo adolescente de 16 años, David.  Con él aplicamos este tipo de disciplina y tengo que decirles que hay un vínculo de respeto y admiración de parte y parte. Recuerdo que de niño en ocasiones en las que actuaba mal o contestaba con groserías, lo llamaba con tranquilidad y al acercarse le decía alcanza la “la varita de la corrección” y me la traes, y el mismo iba por ella solo me decía “no me pegues muy duro papi” y así lo hacía. Luego dialogamos y me abrazaba. Puedo decir que la formación no ha sido perfecta, fallamos en algunos aspectos de su vida, pero en términos generales es un adolescente obediente, que sigue instrucciones, amoroso y respetuoso, que trata con respeto a las mujeres y reconoce la autoridad. 


Aquí doy algunos principios para aplicar la disciplina y formar el carácter de un adolescente:

Asegúrese de que el joven reconozca a Dios como Suprema Autoridad

Le debe quedar claro al joven que la corrección es responsabilidad de los padres, pero Dios es la suprema autoridad; el padre no es la máxima autoridad en su vida. Si el joven cree que el padre es la máxima autoridad y logra engañarlo, entonces, creerá que podrá escaparse de la disciplina. Necesita reconocer que es Dios quien ve y sabe todo, es Aquél ante quien es fundamentalmente responsable.

 Dé buen ejemplo a su hijo

El padre debe dar ejemplo de obediencia a Dios. Cuando el padre es inconsistente entre lo que exige de su hijo y su forma de vida, el joven se decepciona de su padre y se torna rebelde.

No deje que sus sentimientos afecten la disciplina

Si el muchacho reconoce su desobediencia, el padre se puede ver tentado a dejar de disciplinarlo como el hijo necesita. Si un padre ama  a su hijo, su preocupación primordial es el desarrollo de las cualidades y los principios básicos que son esenciales en la vida. El hijo debe entender que la corrección es un medio esencial para desarrollar sus cualidades.

La disciplina debe sentirse

La disciplina debe darse de acuerdo con la edad del hijo; en el caso de los púberes y adolescentes, la disciplina física no es prudente ni productiva. En este caso, tiene más efecto el privarlos de algo que les gusta y les duele perderlo: un permiso a salir con amigos, dinero, el uso del teléfono, etc. Pero ante todo, se debe apelar a la razón, la cooperación y la lealtad del adolescente con su familia. De igual manera, se debe enlazar la conducta del adolescente con consecuencias deseables e indeseables, es decir, dejarlo enfrentar las consecuencias de sus actos, para que asuma responsabilidad.

Elija un lugar y momento adecuado para amonestar o disciplinar

Es conveniente no amonestar o disciplinar al adolescente delante de otras personas, pues esto lo avergüenza y confunde.

Enséñele a enfrentar las consecuencias naturales

Los hijos son disciplinados de manera efectiva, cuando tienen que experimentar las consecuencias naturales de su desobediencia. El dolor de enfrentar las consecuencias de sus actos muchas veces es suficiente para impulsar al joven a cambiar el comportamiento, la próxima vez.

Guíe a su hijo  a hacer restitución, si fuere necesario

Si otras personas fueron ofendidas, explíquele a su hijo la necesidad de pedirles perdón y de hacer la restitución debida. La disciplina no sólo produce cambio de actitud; también consigue que el joven se haga responsable de sus acciones. No sentirá paz, hasta que haya limpiado su conciencia delante de todos los que estuvieron involucrados.

Sea consistente en la disciplina

A veces los padres pueden caer en dos extremos: la disciplina fuerte y perfeccionista que deja resentimiento, o la condescendencia extrema, como ocurre en el caso de hijos muy mimados, que crecen sintiéndose “reyecitos”, con conductas caprichosas que avergüenzan a sus padres.

Estos principios son fundamentales para formar el carácter firme de un adolescente.  Son aplicables tanto para aquellos adolescentes y púberes que no fueron instruidos sobre la base de una buena disciplina como para aquellos que si.  Animo a los padres a no desfallecer en nuestro intento de hacer de nuestros hijos personas de bien, el mundo al que se enfrentan es cada vez más hostil y despiadado, pero con nuestro esfuerzo podremos construir una mejor sociedad construyendo familias  sanas.
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Por
Edgardo Buelvas Arrieta
Terapista de Familia

lunes, 12 de octubre de 2015

Adolescentes . Rebeldes con Causa

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REBELDES CON CAUSA

“Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor”
                                                                       Efesios 6:4

Uno de las consultas que más me hacen en terapia es como enfrentar la rebeldía de los adolescentes, quienes de un momento a otro pasan de ser inocentes, tiernos y obedientes a iracundos, callados y desobedientes.  Los padres acostumbrados a esperar que sus hijos atiendan sus órdenes y recomendaciones se desconciertan frente a la nueva actitud, algunos pierden la paciencia, otros más débiles ceden a todas sus pretensiones para evitar alejarlos o que se lastimen, y en la mayoría de los casos se dan por vencidos, renuncian a ellos, alejándose más y más.

En artículos anteriores he dejado claro que la formación y estructura psicológica se forjan desde la niñez, los hijos se afectan en su salud mental desde la más tierna infancia, sólo si los padres están lo suficientemente sanos mentalmente evitaran afectar la vida de sus hijos.  Los padres ausentes, ocupados, exigentes y débiles, las madres dominantes y las indulgentes, generan vacíos emocionales en sus pequeños que se hacen manifiestos en la adolescencia.  En resumen todo lo que sembramos en nuestros hijos en las niñez, lo segamos en la adolescencia.  Entonces, ¿no hay nada que hacer? Pues sí, la adolescencia es una etapa de transición entre el niño y el adulto joven, quieren ser grandes con pensamientos de niños, dejan de preguntar de dónde vengo para preguntarse a donde van, por lo tanto hay un campo abierto para lograr llenar los vacíos emocionales antes de llegue la independencia y se cierre ante esa posibilidad.

Todos los adolescentes se sienten presionados en esta etapa y es por eso que resulta tan difícil atravesarla, algunas de estas presiones son:

  • Tiene que elegir ocupación para toda la vida
  • Debe elegir y seguir sus estudios
  • Debe romper los lazos emocionales con la familia
  • Está en la edad en que puede elegir el compañero de su vida  

Estas presiones los estresan y es por eso que su humor es tan variable, como padres debemos tener claro estos interrogantes y ayudarles a resolverlos al mismo tiempo que respetamos su independencia.

Si ya se han cometido los errores y no se puede volver el tiempo atrás, debemos restaurar la relación con nuestros hijos, una de las formas que propongo es aplicando  tres formas de amor  que he aprendido a través de mi profesión, pero especialmente en mi relación con el Padre por excelencia: Dios.  

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Los tres tipos de amor:

Amor de ternura: Se refiere al tipo de amor que se manifiesta físicamente: un abrazo, un beso, una caricia, acompañada de palabras de afirmación lograran llenar el vacío de aceptación que pudo experimentar en la niñez. Si usted siempre fue así con su hijo desde que nació, no tendrá ningún problema en aceptar sus expresiones de afecto.  Pero si no es así,  no pretenda que él lo acepte de la noche a la mañana, deberá tener paciencia, ir con calma, y empezar este proceso con un momento de reconciliación, aceptando sus errores, pidiendo perdón y confesándole cuanto desea expresarle su afecto, si acepta empiece con calma un abrazo, lo toma de las manos y le dice que lo ama, más adelante un beso, evite ser meloso(a), no lo haga en lugares públicos o frente a sus amigos, no le exija reciprocidad, usted sabrá que lo ha logrado cuando, sin pedírselo, él o ella se acerque a usted para abrazarlo(a) y besarlo(a).  

Amor de disciplinas: Se refiere a las normas y reglas que deben gobernar una casa, deben establecerse desde que se empieza la vida matrimonial, hace parte del respeto que tenemos el uno hacía el otro, no confundamos los malos hábitos con las características de la personalidad, “yo soy desordenado porque soy así” es un argumento absurdo e infantil. Un mal hábito es un mal hábito y se puede corregir, y usted va a seguir siendo la persona que fue, solo que mejor. Por eso las reglas empiezan desde la pareja y se fortalecen con la llegada de los hijos. Si no estableció reglas no espere que sus hijos acaten sus órdenes. La obediencia se aprende! En la adolescencia se debe llegar a un acuerdo con los hijos, dado el caso de que no esté formado en este aspecto.  Aplicar el primer tipo de amor es fundamental para que sea más fácil aceptar el segundo, no quiere decir que no se puedan dar al mismo tiempo, sino que el proceso de reconciliación es fundamental para la manifestación de los tres tipos de amor. Establezca entonces de común acuerdo, ojala en familia, las normas de la casa, y algo muy importante, usted por ser el padre o la madre no están exentos de violarlas, recuerde que la palabra convence pero el ejemplo arrastra.


Amor en las disciplinas: la violación de una norma exige una pena que no debe sobrepasar su capacidad de aguante, se debe cumplir, esto quiere decir que no es negociable, en eso consiste la firmeza. Hay muchos padres que ceden frente a las rabietas y al dolor de sus hijos, pero si no lo hacen más adelante lo lamentaran. De este tipo de amor hablare en particular en un próximo articulo donde explico la forma en cómo se debe aplicar la disciplina a los hijos.

Sigamos estas indicaciones y estaremos dando un paso seguro para la reconciliación con nuestros hijos adolescentes, no nos demos por vencido, no renunciemos a la tarea más maravillosa recibida de la vida y de Dios: el ser padre.
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Por
Edgardo Buelvas Arrieta
Terapista de Familia 

miércoles, 7 de octubre de 2015

Adolescentes - ¿Qué hace un padre bueno?

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¿QUÉ HACE UN PADRE BUENO?

“Que nadie te menosprecie por ser joven. Al contrario, que los creyentes vean en ti un ejemplo a seguir en la manera de hablar, en la conducta, y en amor, fe y pureza”
                                                           1 Timoteo 4:12


Los adolescentes son el motivo de preocupación de los padres, algunos literalmente “tiran la toalla” y se despreocupan de ellos, dejándole todo a su suerte o a otras personas, porque simplemente ya no saben qué hacer.  Una posición más triste es la que asumen muchos padres y es la de esperar a que sus hijos cumplan la mayoría de edad para que se vayan de la casa, otros ruegan porque se case pronto, porque ya no los soportan.  Pocos son los padres que luchan incansablemente por sus hijos adolescentes, aunque equivocadamente buscan como corregir a sus hijos y en ese intento sufren, decaen, el amor hacía ellos es más fuerte y perseveran.

Entender a un adolescente no es fácil, sobre todo cuando se cree haber sido un buen padre sin serlo, cuando se manejan pensamientos equivocados respecto de la crianza de los hijos.  La teoría de los padres respecto a los métodos de crianza es que: “si a mi padre le funciono conmigo entonces también tiene que funcionar con mi hijo” pero esto no es del todo cierto, por la sencilla razón de que vivimos en tiempos diferentes, hoy nuestros hijos se forman sobre un ambiente plagado de información y desarrollan una mente más despierta y abierta. Desde pequeños perciben todas las variaciones emocionales de los padres, nuestros hijos saben cuándo estamos tristes, ansiosos, preocupados, cuando hemos discutido con la pareja, les afecta sobremanera las separaciones aunque se muestren de acuerdo y acepten la realidad de la vida.  Tienen un conocimiento suficiente para defenderse de los padres hostiles, dominar o manipular a los padres débiles, desconocer la autoridad y menos sujetarse a ella.  

¿Por qué surge este comportamiento en los adolescentes?
Evidentemente por la formación y la calidad de vida que han tenido. Padres ocupados, ausentes, exigentes, débiles, forman hijos con dificultades, el aspecto qué más les afecta es no tener claro el concepto de autoridad.  Su rebeldía radica en el desconocimiento que tienen respecto de este tema que no les permite ver ni aceptar a los padres como autoridad porque evidentemente nunca la han sido. Los padres exigen respeto a sus hijos en base a los recursos que le proveen “yo soy quien te mantengo!”, pero lo material solo suple lo material. El amor, el respeto, la admiración no se pueden comprar con dinero.  

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Entonces ¿qué hace un padre bueno?
Un padre bueno:

Comprende: Esto significa que debe dejar que sus hijos expresen sus opiniones.  Las generaciones de los 80 hacia a atrás, no teníamos forma de interpelar las observaciones y exigencias de nuestros padres, no teníamos argumentos para hacerlo, eso ayudo bastante para aceptar las exhortaciones de los padres como verdades absolutas. Y se forjo un respeto y admiración por la formación recibida. Hoy tienen muchos argumentos, saben defenderse y exigen con justicia. Hoy ya no cabe la imposición sino el diálogo y la sabiduría para ganarse su respeto y admiración.

Brinda amor. Los hijos necesitan sentirse amados, no se sienten avergonzados por las expresiones físicas de amor.  Se avergüenzan cuando intentamos mostrarles, en momentos puntuales, o frente a otras personas, expresiones de amor que nunca hemos practicado con ellos.  Eran pocos los padres de las generaciones de los 80 hacia atrás que expresaban físicamente su amor hacia sus hijos, por eso los padres de estos años son poco afectivos y sufren por ello.  

Sabe disciplinar. Ejerce la autoridad con amor, entiende que la disciplina no son solo reglas, normas y exigencias. Sino que involucran consejos, orientación, paciencia, pero lo más importante es que se muestra como ejemplo.  Si la instrucción no va seguida del ejemplo no sirve de mucho.  

Es amable. Un padre bueno utiliza las normas básicas de convivencia, pide el favor, da las gracias, saluda, se despide, etc.  Es bondadoso y sabe atender las amistades de su hijo.  Son padres que están al alcance de sus hijos porque son justos.

Tiene buen humor. Ellos esperan ver sonreír a sus padres, escucharlos hacer bromas, Aprender a controlar las emociones es una demanda necesaria en la vida de un padre. El adolescente distinguirá cuando su padre habla en serio y cuando está bromeando.

Admite sus errores.  Todos nos equivocamos, nuestros impulsos suelen ser más rápidos que nuestras mentes y de vez en cuando decimos algo que no debimos decir o tomamos una mala decisión con ellos.  Sentarse y reconocerlo delante de ellos, seguido de un acto de perdón, establecerá un vínculo de respeto y unión entre padre e hijo que nada podrá romper.

No se trata de ser los padres perfectos, difícilmente alcanzaremos ese nivel, pero es nuestro deber intentarlo, hacer nuestro mejor esfuerzo, nuestros hijos los valen, lo necesitan. Un padre bueno! sólo Dios, nuestra misión es acercarnos lo más que podamos, con ello estaremos asegurando que las futuras generaciones eduquen y formen a sus hijos con un nivel más alto de confraternidad, para que forjen una sociedad mucho más justa y equitativa. 
      
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Por
Edgardo Buelvas Arrieta

Terapista de Familia

viernes, 26 de junio de 2015

Padres - La Rivalidad entre Hermanos

LA RIVALIDAD ENTRE HERMANOS


Un día, Caín invitó a su hermano Abel a dar un paseo, y cuando los dos estaban ya en el campo, Caín atacó a su hermano Abel y lo mató.
                                                                       Génesis 4:8

No es un tema nuevo, se presenta muy seguido en hogares con más de dos hijos. La historia de Caín y Abel evidencia los efectos de una mala crianza y las preferencias que se gestan en los padres hacia los hijos. Aunque es poco diciente el texto que involucra esta historia, el verso 1 deja ver que Eva se agradó más en el nacimiento de Caín que en el de Abel, ¡bueno! el primogénito siempre es motivo de alegría, sin embargo deja una condición de preferencia inconsciente en los padres que, a la larga, sino se corrige, ocasiona conflictos entre los hermanos. Igual con el menor, al cerrar la “fabrica” se le da un especial cuidado al menor, incluso sus hermanos mayores entran al cuidado y protección y se promueve, también de manera inconsciente, una indulgencia colectiva con el último de la estirpe. Los que más sufren son los intermedios.

Los hijos son como los dedos de la mano, se parecen pero son distintos el uno del otro. Los padres necesitan orientar a cada uno de los hijos para que tomen conciencia del papel que desempeñan en esa pequeña sociedad que es la familia, de esta manera las relaciones entre hermanos serán más agradables.

Tenga en cuenta estos tres aspectos que le ayudaran a prevenir o corregir los conflictos entre hermanos:

1.    Evitar las comparaciones entre hijos que tiendan a favorecer a uno sobre otro: todo niño se mide sistemáticamente con sus iguales y es en extremo sensible al fracaso dentro de su propia familia, por esto los padres deberían tener cuidado y no hacer nunca comparaciones. Si no es recomendable hacer comparaciones entre hermanos mucho menos con otros miembros de la familia, vecinos y/o amigos.

2.    Los niños son esencialmente sensibles en tres áreas:

-          En el aspecto físico: Cuando se exalta más la belleza física y se compara con los defectos del otro, se generan en éste último celos y resentimiento entre ellos.
-          En cuanto a la inteligencia: Hay frases de los padres que afectan a los hijos, por ejemplo: "creo que el pequeño es más inteligente que el mayor"; para un adulto esto puede ser inofensivo pero para la mente de un niño es una afirmación de que el mayor es inferior al otro por su inteligencia.
-          En cuanto a la capacidad atlética: Los niños especialmente los más pequeños compiten siempre en cuanto a su agilidad y resistencia física; rara vez un niño aceptará en este aspecto ser menos que otro. Frases como las siguientes son comunes entre los niños: "Yo soy el mejor y tú el peor", o " yo puedo ganar a todo el mundo en una carrera", "yo soy el más fuerte y tú el más tonto".

En estas tres áreas mencionadas, los padres deben hacer sentir a sus hijos que cada uno de ellos es igual ante sus ojos y que cada uno es respetado y tiene el mismo valor. Los elogios y críticas en la casa deben ser distribuidos con equilibrio haciendo pocas diferencias, aunque uno tenga más éxito que otro en sus labores diarias.

3.    Cuando el niño se siente comparado con su hermano reacciona de la siguiente manera:

  • Se resiente con sus padres.
  • Trata de imitar en todo al hermano preferido.
  • Se vuelve hostil, amargado hacia su hermano.
  • Trata de buscar áreas de compensación, por ejemplo: si un hijo es excelente atleta, el otro se concentrará en el ajedrez, si una hija es excelente en sus estudios, la otra sólo piensa en conquistar chicos.


Cuando un niño comienza a jactarse delante de su hermano por su agilidad está revelando que se siente amenazado o inseguro en ese punto; debemos ser sensibles a estas señales para ayudarles a evitar así los celos y los resentimientos.

Es importante entender que cada niño encaja en su propio molde y no en el de otro. Es por esto que las comparaciones no son válidas y los padres deberán siempre tratar a sus hijos por igual. Si es un poco difícil tratarlos así, es probable que el padre o la madre tengan algún tipo de problema emocional y sería bueno que consultaran a un orientador profesional o a un teoterapista de familia.


Por
Edgardo Buelvas Arrieta
Terapista de Familia

Bibliografía


TEOTERAPIA PARA PADRES, Lo que todo padre debe saber de su hijo. Tomo 1. El Niño. Tercera Edición. Editorial FAID, CEPC. Bogotá, Colombia. 1999.

lunes, 22 de junio de 2015

Padres - ¿Por qué miente un niño?

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¿POR QUÉ MIENTE UN NIÑO?


..."Que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad"
(I Timoteo 3:4).


La mentira es una de las conductas que más causa problemas en el desarrollo de las relaciones interpersonales. Casi todos los adultos han mentido por lo menos una vez, en el niño es igual, aunque en un principio no lo hacen de manera intencional porque confunde la fantasía con la realidad, algunas de sus “mentiras” son, simplemente, manifestaciones de su gran imaginación. Después de superar esta etapa algunas de sus mentiras pueden ser intencionadas. Pero ¿por qué un niño miente?

-          Se le castiga igualmente al decir la verdad. En la fase exploratoria y el en desarrollo de la motricidad, los niños suelen ser torpes y no tienen cuidado al tomar los objetos. Lo más probable es que rompa algo, al llegar el padre este confiesa que él lo hizo, aun así recibe su castigo, la mayoría de las veces porque el padre llega frustrado, cansado o le genero mucho malestar el saber que se dañó algo de valor para él. Frente al castigo el niño genera estrategias de protección y la próxima vez que suceda un accidente buscará otro culpable. Otra situación en la que se puede inducir al niño a que mienta, es cuando cuenta algo que le paso de manera exagerada, por su mente cargada de imaginación, es posible que cuente como se ganó una medalla mezclada con algo de fantasía,  pero como él no se destacaba en dicha área, se le acusa de haberse robado la medalla. Siempre antes de culpar o condenar por un hecho a un niño hay que estar seguros de cómo sucedieron las cosas.
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-          Porque cree que al mentir se hace “superior”. Algunos niños, sino todos, se jactan de contar hazañas que no han realizado, puesto que es producto de su imaginación. Todo esto se da por el temor del niño a mostrar sus errores y sus debilidades a otros niños. En este sentido se le debe guiar para que se acepte así mismo, y se proyecte de manera autentica y que deje de usar la mentira para ganar aceptación.

-          Es posible que sean los mismos padres los que enseñen al niño a mentir, porque han implantado en él algún temor o frustración con su alta exigencia y perfeccionismo. Miente de manera enfermiza evitando así las responsabilidades por cumplir. Por ejemplo, el niño cuenta lo bien que le fue en el concurso de pintura, cuando en realidad no hubo tal concurso, y lo que busca es impresionar a los demás; o cuando dice haber hecho las tareas y la verdad es que está atrasado y está evitando responsabilidades.  En lugar de atacar al niño por mentir, se deben atacar las ideas irracionales que lo empujan a mentir. Es bueno que el niño sepa que no tiene que ser el mejor estudiante del mundo para ganar la aprobación y el cariño de sus padres. El niño debe cumplir sus responsabilidades, no por complacer a los padres o maestros, sino por su propio bien y futuro.

-          Los padres pueden constituirse en ejemplo para ellos de que mentir es normal, cuando les hacemos promesas y no cumplimos les enseñamos a mentir; cuando evadimos nuestros compromisos y en nuestro lugar los enviamos a ellos a que mientan por nosotros – “contesta y dile que no estoy” –; o cuando delante de los profesores los excusamos diciendo que no hizo la tarea porque se sintió mal, cuando en realidad no sucedió así y más bien no estuvimos pendiente de que cumpliera con sus responsabilidades.

¿Cómo afrontar con madurez las mentiras de los niños?

En lugar de tomar una actitud moralista, condenándolo y castigándolo más y más, se debe tratar de encontrar las causas de las mentiras, es decir, las "suposiciones" o las "creencias erróneas" que lo empujan a mentir.

Puede ser que el niño "supone" o "piensa" que debe hacer las cosas perfectamente bien y que siempre debe recibir elogios por su actuación. También puede sentirse inseguro y "supone" que es incapaz de enfrentar responsabilidades y delegaciones que se le hacen y miente para evitar enfrentarse con lo que se le exige y se espera de él. En este caso, lo que el niño necesita es que se le aliente y se le infunda seguridad en sí mismo.

Por eso es importante sostener la crianza sobre un sistema de principios fundamentado en verdades absolutas cuyos padres sean los primeros en seguir y cumplir a cabalidad. Sin nosotros como padres fallamos no esperemos que ellos sean perfectos, dejemos de lado la premisa de que cómo somos adultos y los padres, tenemos derecho a mentir. Una vez más recordemos “lo que sembramos eso cosechamos”.   

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Por
Edgardo Buelvas Arrieta
Terapista de Familia

Bibliografía

TEOTERAPIA PARA PADRES, Lo que todo padre debe saber de su hijo. Tomo 1. El Niño. Tercera Edición. Editorial FAID, CEPC. Bogotá, Colombia. 1999.

jueves, 18 de junio de 2015

Padres - La Vida Escolar

LA VIDA ESCOLAR


"Cuando la sabiduría entrare a tu corazón, y la ciencia fuere grata a tu alma, la discreción te guardará; te preservará la inteligencia".
(Proverbios 2:10-11)


La edad escolar es una de las etapas más importantes del desarrollo social e intelectual del niño, sin embargo se tiene que tener una visión clara de lo que significa la escuela para ellos, ya que muchos padres delegan toda la responsabilidad de este desarrollo y adaptación a la vida social, a los maestros y a la misma institución. En esto tenemos que ser claros: la primera escuela es el hogar, por tanto la responsabilidad de la adaptación a la vida escolar y el desarrollo intelectual del niño es de los padres; y la escuela y los profesores nuestro mejor apoyo. La experiencia de la escuela es fundamental por varias razones:

1.    El niño entra en un ambiente en el que tiene que ganarse el afecto mientras en su casa se lo daban sin hacer nada para conseguirlo.
2.    Va a ser uno de los tantos alumnos, y no “El rey de la casa”
3.    Un adulto, que no es de su familia, el maestro, va a tener un papel fundamental en su vida.

El ambiente escolar es el más propicio para que el niño expanda su mundo interior y que le permite abrirse al mundo exterior, esto le sirve para satisfacer su curiosidad y le ayuda a querer crecer.

Otro aspecto importante es el cambio de personas que rodean al niño. Hasta entonces vivía rodeado de adultos, de los que dependía, y siempre lo sobrepasaban. A partir de este momento, vivirá entre sus iguales, y podrá compararse con ellos, superándoles unas veces y siendo superado en otras. Su mayor preocupación son sus amigos, entre ellos aprende a vencer el egocentrismo en el que había vivido hasta entonces, aprende a conquistar el afecto del otro, cediendo algo de lo propio.

La vida escolar se caracteriza por una necesidad manifiesta de asociarse con otros niños y realizar actividades en grupo. Comprueba perfectamente que no es el centro del mundo; mide mejor la distancia que le separa del adulto y se refugia entre sus iguales, donde halla muchas más ocasiones de mostrarse grande y de ser aceptado como tal.

El crecimiento se da en dos formas: por un lado, muestras rasgos característicos de independencia, pues ya empieza a defenderse por sí mismo, sin la ayuda de un adulto. Por otro lado, busca dependencia social, porque intenta llamar la atención de sus pares, tratando de imponer sus condiciones de todas formas, la más visible la terquedad.

Una adecuada estimulación en el hogar
Los padres pueden desarrollar al niño en su máximo potencial intelectual, rodeándole de estímulos adecuados, sobre todo en los primeros 18 meses.

¿Cómo?

-          Hablarle al niño constantemente.
-          Fortalecer la comunicación familiar.
-          Contestar a todas sus preguntas.
-       Atenderles cuando interrumpen con sus inquietudes; evitar las frases: "no me molestes", "estoy ocupado".
-       Proveerle de un ambiente estimulante: juguetes, y experiencias novedosas.

Los estudios investigativos demuestran la alta correlación que existe entre el aspecto cultural del hogar, la comunidad y el rendimiento escolar. Los niños que tienen experiencia con libros, televisión, viajes, revistas y buena comunicación en el hogar, poseen un potencial mayor para captar y aprender.

Crearles el ambiente adecuado en casa les ayuda a adaptarse mejor a la escuela. Un niño motivado es un niño dispuesto a aprender, a desarrollarse intelectualmente. Aprovechemos que su pequeño cerebro es una esponja seca en medio de información húmeda, de la cual absorben todo conocimiento. Tengamos la precaución de que capten lo bueno y lo que es provechoso para su vida, lo que sembremos en ellos, eso mismo segaremos.  


Por
Edgardo Buelvas Arrieta
Terapista de Familia

Bibliografía

TEOTERAPIA PARA PADRES, Lo que todo padre debe saber de su hijo. Tomo 1. El Niño. Tercera Edición. Editorial FAID, CEPC. Bogotá, Colombia. 1999.

sábado, 13 de junio de 2015

Padres - La Comunicación Eficaz

LA COMUNICACIÓN EFICAZ

"...Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse"
(Santiago. 1:19)

En ciertas familias hay un gran abismo entre padres e hijos por la comunicación deficiente, mientras que en otros casos es nula. La comunicación es vital para el buen ejercicio de la disciplina y la fundamentación en valores y principios. ¿Qué es comunicar? Pues transmitir un mensaje a través de un signo (verbal, visual o escrito), es un proceso que involucra la habilidad de asociar símbolos para enviarlos al receptor y que éste pueda traducir el mensaje en su mente de tal forma que obtenga un significado similar al que tenía el emisor.

Comunicar es:
-          Dar e intercambiar información
-          Recibir e intercambiar información de manera abierta y voluntaria como se da

Comunicar no es:
-          Regañar todo el tiempo
-          Decirle a los hijos lo que no nos gusta de ellos
-          Sermonear, amonestar y criticar

Recordemos un poco cuales son los elementos que intervienen en la comunicación:

Emisor:           Quien emite el mensaje
Mensaje:       Contenido
Código:         Signo o símbolo (Verbal, visual o escrito)
Receptor:     Quien recibe el mensaje
Barreras:      Obstáculos que se interponen en el recorrido del mensaje y no permiten que llegue al receptor, o hacen que llegue parcialmente o distorsionado.

Cómo podemos formar bien a nuestros hijos sino transmitimos bien el mensaje, aprender a comunicarnos es una verdadera pedagogía con la que podemos ir moldeando la personalidad de los hijos. Los padres tenemos que ser conscientes que somos los primeros educadores y es por eso que debemos tener una actitud sensata ante los obstáculos que dificultan la comunicación. De la comunicación madre-hijo nace un sentimiento de seguridad permanente. De la comunicación padre-hijo nace un sentimiento de seguridad activa que le permite enfrentarse a las dificultades futuras.

Puntos claves en la comunicación eficaz

La aceptación
Antes de una buena comunicación debe tenerse una buena actitud y esta se manifiesta a través de la aceptación. Cuando un niño se siente amado y aceptado se crea el clima ideal para promover el desarrollo de todas sus áreas y se le ofrece la mejor terapia para sanarse de todo daño psicológico y físico. El niño aceptado se dispone a cambiar porque quiere crecer.

Palabras de afirmación
Las palabras de comprensión y cariño crean un ambiente de confianza y libertad que hace que los niños sean auténticos y expresen lo que sienten. Ej. “Hijo comprendo lo que me quieres decir…” cuando no se da surge la expresión “Es que este niño no me entiende lo que quiero…” que es tan frecuente en las discusiones con los hijos. Cabe aclarar que el entender no implica dar la razón.  

Libertad de expresión
De las cosas que más reclamamos los adultos: la libertad de expresión, sin embargo coartamos la libertad de expresión en nuestros hijos sobre premisas erradas, que aprendimos de nuestros padres. El niño de los 80 hacía atrás no tenía derecho a hablar, su boca era literalmente volteada de un manotón si pronunciaba alguna expresión durante una exhortación. Algunos padres pensaran, "a mi me paso y yo estoy bien", pero quizás esa sea la razón por la cual la mayoría nos daba pavor hablar en público, en la clase, incluso decirle a la persona que nos gustaba lo que sentíamos. Debemos permitir que el niño juegue, hable o participe en actividades sin interrupción, dejar que manifieste su punto de vista por el cual actuó de la forma en que lo hizo, y luego que lo haga corregirlo y explicarle porque está mal, con su consecuente disciplina si así lo requiere. Siempre que los interrumpimos para darle alguna instrucción, ofrecerle ayuda o sugerencia, durante alguna actividad, revela falta de confianza en sus habilidades.

Escucharlos en forma activa y desinteresada
Si un niño es escuchado en forma activa por sus padres aprenderá a:

-          Manejar sus sentimientos negativos
-          Promueve la base para establecer una estrecha relación entre padres e hijos
-          Ayuda al niño a prepararse para resolver sus problemas por su cuenta
-          Le enseña a escuchar a sus padres y a otros y se estimulará a pensar por sí mismo.

Obstáculos que impiden la comunicación

-          Falta de atención: Cuando ponemos poco interés en escuchar lo que dice nuestro interlocutor. Comúnmente pensamos que porque son pequeños no tienen nada interesante que decir y por eso no los escuchamos, pero para ellos todo es importante ya que están conociendo el mundo.
-          La Mentira: Cuando nuestro interlocutor se da cuenta que hemos mentido se interrumpe la comunicación, porque se elimina la confianza.
-          Traducción e interpretación: Si al escuchar lo que dice el otro, lo traducimos a nuestros esquemas mentales, no hay diálogo posible, ya que dejamos de ponernos en el punto de vista del otro, sino que estamos falsificando lo que nos quiere decir.

Una buena actitud y romper con los esquemas del pasado puede cambiar radicalmente la forma en como nos estamos comunicando con nuestros hijos, esto nos ayudará a resolver los conflictos que estemos afrontando o servirá de medicina preventiva para cuando nos toque afrontar situaciones difíciles.

Por
Edgardo Buelvas Arrieta
Terapista de Familia

Bibliografía

TEOTERAPIA PARA PADRES, Lo que todo padre debe saber de su hijo. Tomo 1. El Niño. Tercera Edición. Editorial FAID, CEPC. Bogotá, Colombia. 1999.